No hay nada que entender

“Profe, no es que no me gusta, es que no lo entiendo”

Todo docente de música se ha cruzado innumerables veces con esa frase, y aún más si dentro de su estrategia como profesor, exponer a sus estudiantes a nuevas corrientes es parte importante de su plan.

Mi respuesta suele ser:

“No es que no lo entendés, es que no te gusta. Si te gustara lo entenderías. El primer paso es aprender a disfrutarlo”.

Pocos fans (e incluso cultores) del Thrash entienden el delicado equilibrio entre el uso de una novena bemol y novena natural en un riff, igualmente poca gente se sienta a analizar el festival de modulaciones que es Penny Lane, o los compases irregulares de Money de Pink Floyd o Solsbury Hill de Peter Gabriel, la extraña relación entre una escala con tercera menor tocada sobre un acorde con tercera mayor, lo que define la sonoridad blues.

No es la comprensión lo que nos brinda acceso al conocimiento, sino el placer.

Los pequeños se apasionan por el fútbol mucho antes de entender la Ley del Offside, arman puentes de piezas de Lego sin comprender de ingeniería y conversan con todo el mundo sin entender de gramática. Es cierto, la comprensión de los elementos formales nos brinda muchas herramientas para un disfrute más profundo y para una creación de alto nivel, pero nunca, y lo repito, NUNCA es el primer paso.

Pero, ¿cómo hacer que alguien aprenda a disfrutar un estilo de música?

Yo le hago al alumno tres preguntas:

“En esto que estás escuchando,

  1. ¿Dónde está la belleza?
  2. ¿Dónde está la energía?
  3. ¿Dónde está la expresividad?”

Cuando descubrimos que la rearmonización de un standard de jazz tiene por finalidad sumar belleza, cuando descubrimos que realizar frases largas tiene por finalidad cargar de energía a nuestro solo y cuando descubrimos que manipular el groove tiene por finalidad volver más expresiva nuestra interpretación, empezamos a entender los conceptos más importantes del jazz, todo lo demás, la lógica armónica, la técnica, etcétera, vendrá por añadidura.

Y allí radica el secreto de tener una mente musical amplia, la belleza, la energía y la expresividad de AC/DC, no se miden con la misma vara con que se miden esos mismos atributos en la música de Paul Simon, Ray Charles, Testament, La Oreja de Van Gogh o Mendelssohn.

Así que si el jazz, o cualquier otro tipo de música, te resultan inaccesibles, no te fuerces a entender los procesos intelectuales y técnicos con lo que se crean, sino a encontrar los elementos que definen la belleza, la energía y la expresividad en ese género, desde allí, todo es mucho más fácil. Sentarse a escuchar a Wes Montgomery o a Bill Evans, debería ser un espacio de placer y disfrute, es solo música, no hay nada que entender.

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