El Artista y sus Herramientas

Uno de los tópicos recurrentes en el mundo guitarrero (y con razón) es el del particular sonido de Brian May y de cuales son los componentes que lo definen. Se argumenta mucho acerca de su guitarra de factura propia, de la moneda que usa como púa, del treble booster, de los amplificadores Vox y de un sinnúmero de combinaciones de los elementos citados.

Brian May es, claramente, una persona brillante. El hecho de que posea un doctorado en astrofísica me parece prueba más que suficiente de ello. A pesar de las evidencias, en los argumentos nunca he leído que un elemento importante en su característico sonido sea su privilegiado cerebro. Brian May suena como suena porque de antemano ha decidido que ese era el sonido que quería lograr, lo ha escuchado en su cerebro, lo ha conseguido con las herramientas de las que disponía y ha acomodado su técnica mecánica para sonar de esa forma. Ese sonido, al igual que sus fantásticas composiciones, suntuosas orquestaciones y melódicas líneas de guitarras, no son producto de la casualidad, son producto de la planificación, de la creatividad, de la reflexión, de la introspección, de la autocrítica y de la motivación para sentarse cientos de horas a conseguirlo; todos procesos mentales. El hardware es completamente irrelevante si el software no lo acompaña.

Esa última afirmación parecería hasta demasiado obvia, si no fuese porque diariamente me encuentro en el aula de clases con decenas de jóvenes enloquecidos por tener cada vez más equipo, con más prestaciones, con más potencia, con más timbres o más antiguo y con más cualquier cosa que sea que nuestro equipo no tenga. Parece ser que nunca es suficiente.

No hay actividad humana en la que el marketing funcione mejor que en el mundo del equipamiento musical. Y dentro de ese universo, no hay músico más susceptible a la publicidad que el guitarrista de rock. La publicidad no intenta vendernos una guitarra, intenta vendernos la capacidad, la formación y el vuelo creativo de nuestro guitarrista favorito (y de paso una reproducción exacta de su éxito comercial). Si lo pensamos fríamente es un absurdo, pero no podemos dejar de visitar la tiendas online fantaseando lo gloriosamente que sonaremos cuando tengamos lo último de lo último y que cuando lo compremos (desgastando nuestras poco artísticas finanzas) las masas caerán a nuestros pies.

El resultado que veo cotidianamente a ese proceso es de chicos que al comprar el último aparato no suenan como deseaban y se lo atribuyen a que en realidad les está faltando algo más, perpetuando el círculo vicioso.

Hay cientos de casos de guitarristas que suenan a sí mismos independientemente de lo que sea que toquen: el solo de Stairway to Heaven fue tocado con una tele, el solo de Another Brick in the Wall Part 2 con una Les Paul, Hendrix sonaba a Hendrix con la stratocaster tanto como con la Flying V, Ritchie Kotzen toca shred con una telecaster, John Mclaughlin suena a gloria conectado a un emulador VST, Joe Walsh cambia de guitarra más seguido que de calzones y siempre suena a sí mismo, al igual que Joe Perry, The Edge la misma cosa y Eddie Van Halen y Jeff Beck y Roy Buchanan e incluso Brian May.

¿Esto quiere decir que la elección de equipo es irrelevante? Sí y no, todo músico necesita de herramientas, pero es mucho más saludable contar con poco equipamiento y conocerlo en profundidad que vivir incorporando supuestos paliativos a nuestra propia incapacidad musical.

Una solución a este incapacitante problema es cambiar el “necesito” por un simple “quiero”. No “necesito” tal amplificador para volverme un gran músico, “quiero” ese amplificador como una manera de regalarme algo que me hace ilusión. Ese tonto cambio de verbo hace que no disparemos en la dirección equivocada y deja de poner la responsabilidad de sonar bien en un elemento externo.

En mi humilde opinión, deberíamos elegir el equipamiento con vistas a la practicidad, la portabilidad y la frecuencia de uso. Podríamos incluso tomar la sabia decisión política de apoyar la industria nacional de cada país comprando a los artesanos de instrumentos, amplificadores y pedales locales, que dicho sea de paso brindan una relación calidad/precio, un servicio de personalización y asistencia post venta que ni la mejor marca de instrumentos ni en sueños podría lograr. Es en esos términos que piensan lo grandes artistas.

Ningún guitarrista con el mismo equipamiento sonará como Brian May y Brian May sonará a sí mismo independientemente de lo que use para tocar. Entonces, realmente ¿cuál es el punto de discusión? Seamos inteligentes, elevémonos por encima de la “filosofía del tener”, adoptemos la “filosofía del ser” y la “filosofía del saber”. Son nuestras manos y nuestro cerebro los que definen nuestra música y nuestro sonido.

¡¡¡A seguir creando!!!

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